

Fundado en 1968.
El 19 de noviembre de 1968, Federico Eugenio Riojas Rodríguez fundó el Club Safari de México, fruto de una pasión profunda que trascendió generaciones y fronteras. Desde su origen, el Club nació con vocación internacional y con un propósito claro: ser el hogar de los cazadores más experimentados de México, un espacio de encuentro para quienes, a través de la caza responsable, honran la conservación de la vida silvestre.
A finales de los años sesenta, México carecía de una agrupación formal que representara a los cazadores de talla mundial, equiparable a los clubes internacionales de Europa.
Con visión pionera, Riojas reunió a los más destacados cazadores de su tiempo, hombres de mundo, aventureros y naturalistas, para fundar una institución nacional con estándares éticos elevados y espíritu universal. Desde sus primeros estatutos, el Club estableció requisitos rigurosos para quienes aspiraran a integrarse: era indispensable haber cazado al menos uno de los Cinco Grandes de África o realizar un shikar en Asia, donde habitan los imponentes argalis. Esta condición no respondía a un criterio de exclusividad social, sino a una convicción ética: solo quienes hubieran vivido la experiencia de la caza en escenarios internacionales comprendían el sentido profundo de la conservación como un acto de respeto hacia la naturaleza.
Así, el Club Safari de México se convirtió desde sus primeros años en una élite de espíritu, no de clase. Una comunidad que valoraba el compromiso, la disciplina y la integridad por encima de la ostentación. Su origen marcó un antes y un después en la historia cinegética nacional: por primera vez, los cazadores mexicanos contaban con una organización que los representaba con orgullo y con un código moral claro frente al mundo.
Cuando el Club Safari de México fue fundado en 1968, ni el Safari Club International (SCI), constituido oficialmente en 1973, ni el Dallas Safari Club (DSC), fundado en 1972, existían aún. Esta cronología confirma que el Club Safari de México fue pionero no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial, siendo una de las primeras organizaciones formalmente establecidas dedicadas a la promoción de la caza ética y la conservación. Aquella precedencia no fue casualidad: México demostró desde entonces una vocación adelantada y un liderazgo moral dentro del mundo de la caza deportiva y conservacionista.
A lo largo de su historia, el Club ha albergado entre sus filas a cazadores legendarios cuyas hazañas dieron forma a la identidad del cazador mexicano moderno. Nombres como Rafael Ayala y Aranda, el doctor Carlos Moreno, el licenciado Mario Canales Najjar, Héctor Zamora, Eduardo Baptista y, de manera especial, don Héctor Cuéllar, integran una generación irrepetible. Cuéllar, considerado por muchos expertos como el cazador más completo de la historia mexicana, logró en vida la obtención de especies hoy inalcanzables y dejó un legado que ningún otro ha igualado.
Esa generación marcó el camino con su ejemplo y su entrega. Pero la historia del Club no se detiene en la memoria de quienes ya partieron: también se nutre de la presencia viva de aquellos que siguen enseñando con su trayectoria. Entre ellos destaca Jesús Yuren, cuya pasión, temple y sabiduría representan la continuidad de ese linaje ejemplar. Cazador de talla mundial, galardonado con el Weatherby, escritor y pensador de la naturaleza, Yuren encarna el equilibrio entre la precisión del cazador y la devoción del naturalista. Su vida y su obra han inspirado a generaciones enteras, y su nombre permanece como símbolo de la caza entendida como arte, conocimiento y humildad ante la grandeza del mundo.
El Club Safari de México también ha sido el punto de encuentro de los más grandes embajadores de la caza mexicana en el ámbito internacional. Muchos de los mexicanos galardonados con el prestigioso Premio Weatherby, considerado el máximo reconocimiento mundial a la excelencia en la caza y la conservación, han sido o son miembros del Club. Esa distinción refleja no solo el nivel deportivo de sus socios, sino el prestigio ético e institucional de una organización que ha hecho de la caza una forma de compromiso con la naturaleza.
Con el paso del tiempo, los estatutos del Club se han adaptado a los nuevos retos de la modernidad, sin renunciar a su esencia: el equilibrio entre la pasión por cazar y la obligación moral de conservar. Gracias a su rigor y continuidad, el Club Safari de México ha evitado convertirse en una asociación meramente social, conservando intacto su carácter de foro selecto de cazadores con espíritu internacional.
Pero su legado no pertenece únicamente al pasado. Hoy el Club se proyecta al futuro con la misma convicción con la que fue fundado hace más de medio siglo. Se ha convertido en el refugio del relevo generacional de los cazadores mexicanos: un espacio donde jóvenes con experiencia internacional, conocimiento técnico y conciencia ecológica continúan el camino trazado por los fundadores. Su propósito actual no es solo mantener viva la tradición cinegética, sino fortalecer su vínculo con la conservación y con las comunidades rurales que dependen de ella.
Allí donde aparece el escudo del Club Safari de México —en África, en Asia o en cualquier continente— se reconoce la huella del cazador mexicano, sinónimo de ética, respeto y excelencia. Su nombre es conocido y respetado por organizadores, guías y caballerangos de todo el mundo, quienes asocian al cazador mexicano con la pasión, el conocimiento y el honor.
El Club Safari de México fue antes que todos. Antes del SCI, antes del DSC, antes de que el mundo comprendiera que la caza responsable no es la antítesis de la conservación, sino una de sus formas más eficaces. Por eso, su trascendencia es histórica y su legado permanece como símbolo de grandeza, hermandad y amor por la naturaleza.
A más de cincuenta años de su fundación, el Club Safari de México continúa siendo un referente internacional y una institución viva que honra la historia de sus fundadores, celebra los logros de sus miembros y mantiene la visión de que la caza ética es, ante todo, un acto de conservación. Su historia no es solo la de los hombres y mujeres que cazan, sino la de aquellos que, a través de la caza responsable, defienden el equilibrio del planeta con respeto, conocimiento y acción.
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Rocky Mountain Bighorn Sheep

















